Hoy en día, el entorno de todas las empresas, no importan sus dimensiones, cambia de forma acelerada. La tecnología se está encargando de producir un desarrollo que en cantidad y velocidad no tiene parangón en la historia. Para tener una idea de la dimensión de esos cambios basta notar que los estudios indican que en los próximos cinco años la humanidad avanzará más tecnológicamente que ¡en los pasados 10.000 años!

 

Ante esta realidad, la innovación se convierte en un imperativo, incluso para las empresas más pequeñas. Se trata de adaptarse a ese cambio o morir. Esa es la realidad ineludible.

 

Para esos fines, en toda empresa deben existir guías maestras que creen el marco de trabajo en que habrán de realizarse los trabajos de innovación. Véase a continuación el Decálogo de Innovación Competitiva, que hemos reelaborado.

 

1 Integrar la innovación en

la estrategia general de la empresa

Los trabajos de innovación no deben ser vistos como una actividad que se realiza al margen de las funciones cotidianas de la empresa, a cargo de un área definida (I+D+i) o por dos o tres personas de la organización. La innovación debe seguir e integrarse en las directrices contenidas en las estrategias de negocios de la empresa. Nótese que la innovación redunda en beneficio de la productividad de la empresa y, por tanto, se convierte en el factor clave de la competitividad de la organización.
2 Asumir el proceso innovador como parte integral de las responsabilidades de los más altos niveles de dirección Los más altos niveles de la empresa, que son los responsables de las decisiones que crean las directrices y las políticas, debe comprometerse a fondo con el proceso innovador: debe vigilarlo, protegerlo, incentivarlo y, desde luego, controlarlo.
3 Innovar siempre con un objetivo central: el mercado La innovación no es un mundo sólo de los técnicos. La innovación forma parte de la empresa y, como tal, debe centrar su gestión en los mismos criterios que la caracterizan como tal: una empresa vive para sus mercados y depende totalmente de sus mercados. Esto quiere decir que el proceso innovador debe partir, necesariamente, de la identificación de las necesidades del mercado y sólo tiene sentido en la medida en que consigue satisfacerlas.
4 Admitir e interiorizar que existe siempre un cierto nivel de riesgo Innovar quiere decir hacer las cosas de forma diferente a como se han venido haciendo hasta el momento. Para ello es necesario poseer una fuerte convicción en lo que se está haciendo. En consecuencia, hay que ser flexible y abierto al cambio. Pero siempre recordando que ser arriesgado no quiere decir que, necesariamente, se sea imprudente; es necesario pensar en términos del concepto de “riesgo calculado”.
5 Delegar y concentrarse en el propio «saber hacer» La alta dirección debe intervenir en las decisiones sobre  «qué» se va a hacer y «para qué» se va a hacer. Pero, debe dejar que sean los expertos que decidan el «cómo»  se va a hacer. Además, es importante agotar inicialmente todas las posibilidades de innovación en las áreas que forman parte del “saber hacer” (know how) de la empresa; piense siempre que cuando usted más se aleja de lo que conoce, más se elevan los riesgos.
6 Innovar de forma planificada La innovación, como cualquier otra actividad de la empresa, no puede dejarse a la improvisación: la alta dirección deberá preocuparse de definir aspectos como: los objetivos a perseguir, establecer los presupuestos en función de los objetivos, establecer un sistema eficaz de vigilancia tecnológica a 360 grados, elaborar un análisis del estado de la situación y exigir resultados a plazos razonables.
7 Formalizar las ideas en proyectos Los proyectos son las herramientas que permiten desarrollar y controlar una estrategia de innovación y darle seguimiento a sus resultados. Además, sólo contando con ellos se puede optar a ayudas e incentivos económicos. Los proyectos deben apoyarse en tres pilares: técnico, comercial y financiero.
8 Cooperar al máximo junto a empresas y organismos de investigación En materia de innovación, 1+1 es mucho más que 2. La empresa deberá colaborar activamente con centros tecnológicos y universidades con el objetivo de crear una estructura operativa que permita transferir los conocimientos. Asimismo, cooperar con empresas que complementen la actividad de la propia organización (por ejemplo, proveedores, clientes, otros sectores de negocios).
9 Destinar recursos materiales y humanos razonables Es necesario dedicar personal capacitado para aportar ideas y para captar y desarrollar las buenas iniciativas de los demás.
10 Integrar la innovación en la cultura de la empresa La innovación, junto a la cooperación y la internacionalización, son las claves del siglo XXI. Sólo a través de una economía basada en el conocimiento será posible afrontar los retos de un mercado globalizado. La innovación debe incorporarse en todas las vertientes de la cultura existente en la empresa: si se trata de innovar en una empresa con una mentalidad conservadora se corre un riesgo muy alto de que las ideas innovadoras mueran incluso antes de ser evaluadas debidamente.